La estimulación temprana

 

Un bebé recién nacido posee un conjunto de capacidades muy limitado. La mayoría de habilidades primarias están relacionadas con su supervivencia, las demás son resultado de un complejo proceso de aprendizaje o crianza.

Esta circunstancia inicial dota al bebé de una gran capacidad de adaptación al medio y a las circunstancias cambiantes del entorno fruto de un cerebro no “pre-programado”, es decir, de un cerebro moldeable y moldeado por la eventual utilización de la estimulación temprana.

Es un hecho probado que la flexibilidad cerebral disminuye rápidamente con la edad. El máximo desarrollo neuronal coincide con la etapa que va desde el nacimiento hasta los tres años de edad, para luego decrecer y prácticamente extinguirse a la edad de seis años. Una vez superado este umbral, las conexiones neuronales y los mecanismos de aprendizaje quedan establecidas.

¿Qué es la estimulación temprana?

La mayoría de los expertos han llegado al consenso de que la estimulación temprana repercute en un desarrollo neuronal superior. La estimulación temprana aprovecha la alta capacidad de aprendizaje y adaptabilidad del cerebro humano en beneficio, en este caso, del bebé. El objetivo es proporcionar una serie de estímulos repetitivos para potenciar las funciones cerebrales aún latentes en el infante, no solo reforzando los aspectos intelectuales sino también los aspectos físicos, sensoriales y sociales.

La estimulación temprana se basa en la repetición de información. Con la repetición conseguimos reforzar las áreas y conexiones neuronales de interés. Este carácter repetitivo puede resultar pesado y rutinario para los padres porque exige constancia y dedicación diaria. Sin embargo, el tiempo invertido en el desarrollo de nuestros hijos siempre es provechoso. Para ellos y para nosotros.

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