Musicoterapia y autismo

 

“La música ordena el caos, pues el ritmo impone unanimidad en la divergencia, la melodía impone continuidad en la fragmentación, y la armonía impone compatibilidad en la incongruencia" (Yehudi Menuhin)

Trabajos de investigación han demostrado que la musicoterapia tiene una influencia positiva en las personas que padecen de autismo. Pero, ¿qué recursos concretos aporta la musicoterapia al tratamiento?

  • Ordenación rítmica: el autista es arrítmico por naturaleza. El terapeuta percute rítmicamente en el cuerpo del paciente y realiza movimientos pausados sincronizados con cadencias de velocidad en la acción. El paciente se va centrando en una divertida actividad dinámico-motora, interactúa, se siente arropado y tocado. De esta manera, el campo perceptivo-cognitivo se ensancha considerablemente.
  • La voz: de entre las cualidades del sonido, el timbre juega el papel terapéutico más relevante. La voz, como elemento dinámico y relajatorio, es la forma de contacto más inmediata y cercana con la persona con TEA. Será crucial la capacidad del terapeuta para proyectar, modular y regular la voz incidiendo en la altura tonal, la intensidad, la duración y el timbre.
  • El juego: canciones específicas adaptadas al niño y a su entorno, improvisaciones y escenificaciones forman parte de la dimensión lúdica de la terapia musical. El trabajo con un piano o un órgano adquiere un importante relieve aquí.
  • Relajación: el paciente se acomoda corporalmente al sonido relacionando el momento, la música y la situación de relax.

¿Qué resultados obtenemos con la terapia musical?

  • Aprendizaje de pautas y destrezas sociales
  • Estimulación de la comprensión lingüística
  • Incentivación del deseo de comunicación
  • Reducción de las conductas estereotipadas, no comunicativas
  • Fomento de espacios de (auto)expresión

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